Ante todo mucha calma.
No padezco, como algún lector pudiera pensar por la
rápida publicación de una nueva entrada nada más publicar la primera, de
hiperactividad.
Tampoco es que piense que la primera entrada haya tenido
un éxito de crítica y público de tales dimensiones que justifique su inmediata
continuación con una segunda por petición popular masiva.
Sí que quiero, en cualquier caso, hablar de cambios.
Este blog se empezó a publicar esta mañana en otra
plataforma diferente. Ilusionado había publicado mi mensaje de bienvenida a
todos aquellos que, imprudentemente, entrasen y leyesen lo que tenía que decir.
¿Cuál es el siguiente paso lógico? Convendrás conmigo
estimado lector que hacer llegar la dirección de dicho blog a lo que vienen
siendo los amigos para que puedan entrar, leerte y comentar.
Hecha la publicación y compartida la buena nueva con los
colegas de ambos sexos quedas a la espera, nervioso, expectante, haciendo
apuestas contigo mismo sobre quién será el primero en leerlo y comentarte algo
sobre el contenido de tu escrito y/o sobre tu estilo al escribirlo.
Súbitamente el teléfono te silba para avisarte de que te
ha llegado un mensaje (el por qué tanta gente hemos elegido el silbidito como
tono de aviso podría ser objeto de estudio y reflexión en una serie de entradas
posteriores si mereciera la pena, pero no lo merece).
Coges el teléfono, entras y te dispones a leer el
mensaje, casi lamentando no tener que ponerte unas gafas para hacerlo ya que
ese sería un detalle que le otorgaría al momento la debida pompa y
circunstancia, y así, de sopetón te encuentras con lo siguiente:
“¿Por qué sale un
anuncio de un antídoto contra la impotencia?”
Lo lees, lo relees incrédulo, respiras hondo, cuentas
hasta diez, haces yoga mental y, una vez calmado, contestas a dicho mensaje con
la moderación que te caracteriza:
“J@puta!!!”
¿Eso es lo único que te ha llamado la atención? ¿Nada
sobre el contenido, el estilo o, aunque sea, el color de fondo? ¿Tú te llamas
mi amig@? Permíteme que te diga que ¡¡¡por los cojones!!!
Pues de eso quería escribir, queridos lectores, del motivo
del cambio de plataforma utilizada para hacer llegar al mundo mis perlas de
sabiduría.
¡Ah! Y también de que tengo en oferta amig@s para
intercambiar por otros que se fijen en lo fundamental de lo que ocurre en la
película de la vida y que se vayan al baño en los anuncios en vez de otr@s que
se pasan la película en el baño y sólo salen para ver los anuncios.
No es el tipo de música que me gusta, pero, puestos a que
la experiencia resulte totalmente decepcionante, quizá esta entrada debería
llevar de fondo a los Manolos cantando aquello de “Amigos para siempre means
you’ll always be my friend”
Y una vez más: ¡¡Gracias amig@!!